A los 17
años creía firmemente que con mis acciones podía cambiar al mundo, pensaba
seriamente que hacer arquitectura podría cambiar al ser humano, hacerlo feliz,
que pudiese vivir en plenitud y armonía con sigo mismo y con el planeta...
A los 25
me olvidé del mundo y solo veía lo que me afectaba directamente, ya no quería
cambiar al mundo solo quería que el mundo se adaptase a mis necesidades.
A los 30,
me calmé, empecé a mirar a mi alrededor y observar que y quienes me rodeaban, empecé
a clasificar, ordenar y a mirar hacia el futuro desconfiando y escéptica.
Hasta los
40 pude (por suerte) abrir mi mente y mis ojos a cosas nuevas, otras culturas y
puntos de vista, sin necesidad de "clasificarlo" todo, pude ser
observadora y también tomar lo bueno y descartar lo malo, sin problemas de
conciencia.
A los 45
me perdí en un mar de conocimiento, egoísmo, necesidades y dolor, poco a poco
empiezo a encontrarme nuevamente.
Ya no
necesito cambiar el mundo, ni adaptarlo a mis necesidades y caprichos, ya no
observo criticando impávida y desde la ventana, sigo abierta a aprender y a
dejar que lo que me rodea me de lo que tiene para mi, sin prejuicios, trato de
equilibrar y aceptar lo que me regala la vida.
No todos
los pasos son seguros, ni firmes y mucho menos ideales, pero he aprendido a
reblandecerme para abrirme!
Gracias
a la vida que me ha dado tanto
Me
ha dado la risa y me ha dado el llanto,
Así
yo distingo dicha de quebranto...
Gracias
amigos por añadir vuestros comentarios, son bienvenidos y necesarios para
seguir adelante...
si lo desean les invito a visitar otro Blogg:
No hay comentarios:
Publicar un comentario